Deshidratación. Pautas para combatirla en ancianos.

Deshidratación. Pautas para combatirla en ancianos.

En las últimas semanas viene siendo habitual que nuestros termómetros registren temperaturas calurosas extremas, lo que ha llevado un año más a dar la voz de alerta ante el riesgo de posibles episodios de deshidratación en nuestros mayores. Ellos son uno de los grupos, entre otros, más vulnerables que podemos encontrar.

Esto se debe a que al envejecer se producen cambios fisiológicos que aumentan el riesgo de que se produzca una deshidratación:

  • El agua corporal total disminuye. La mayor proporción de tejido graso en relación al tejido muscular magro es la que provoca este hecho.
  • Disminución en la producción de hormonas. Estas retienen el agua y las sales, lo que lleva a una mayor pérdida de líquidos cuando orinamos.
  • Alteración de los mecanismos cerebrales de la sed. Lo que conlleva una pérdida de la sensación de sed.

Además de estos cambios existen numerosos factores que pueden hacer que este riesgo aumente. Cuantos más factores entren en juego, mayor será la posibilidad de sufrir una deshidratación. La deshidratación en el anciano se puede presentar de varias maneras, mucha de las cuales no son específicas e incluso pueden ser atípicas. Lo más frecuente es que afecte a la mayor parte del organismo, de forma paulatina y a veces muy rápida.

Los primeros síntomas de deshidratación son:

  • Sequedad de piel y mucosas.
  • Debilidad.
  • Dolor de cabeza.
  • Pérdida de apetito.
  • Agitación.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Descenso de la tensión arterial.
  • Orina escasa, concentrada, oscura y con olor fuerte.

Esta situación de deshidratación puede agravarse apareciendo alteraciones de la función mental como somnolencia, mareo, confusión e incluso síncopes.

La mejor forma de que nuestros mayores se mantengan hidratados es establecer nuevas pautas en su rutina diaria.

  • Enseñar a las personas mayores a beber cuando no tengan sed. Ofrecer líquidos frescos repetidas veces al día.
  • La dieta también debe ser adaptada e incluir alimentos ricos en líquidos como verduras, hortalizas, frutas, gelatinas y helados de agua que facilitarán su ingesta.
  • Se debe procurar que los ancianos permanezcan en ambientes frescos, con ropas claras, holgadas.
  • Evitar la exposición solar. Hacerlo sólo en los horarios extremos (a primera hora del día o última hora de la tarde) y protegidos del contacto directo (con sombreros, paraguas o sombrillas).

No obstante, es importante tener en cuenta que ante cualquier cambio o alteración en el estado mental del anciano se debe realizar de forma precoz una consulta con el profesional médico. Una intervención rápida en un paciente deshidratado puede prevenir un cuadro de mayor severidad.

 

Redacción: Vanessa Lobo (Responsable de Enfermería de Residencia Solera La Vaguada)



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